75 Aniversario - Manifiesto Esp. Firmado

“Exploremos lo que nos une en vez de insistir en lo que nos divide”.
John F. Kennedy, enero 1961.
“La palabra “imposible” ha dejado de existir en nuestro vocabulario”.
Adolfo Suárez, octubre 1976.

No me canso de insistir en la necesaria y apremiante transición desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, conciliación, alianza y paz. Este es el gran objetivo de la Organización de las Naciones Unidas fundada en octubre de 1945. Retomando el gran diseño que hizo el Presidente Roosevelt del Sistema de las Naciones Unidas hace 75 años ahora ya es posible el entonces prematuro “Nosotros, los pueblos” con el que se inicia lúcidamente la Carta. Progresivamente marginado por el neoliberalismo es hoy urgente la convocatoria de una Sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas para decidir, con la participación de todos los países, un nuevo concepto de seguridad y las medidas más urgentes para hacer frente, antes de que sea demasiado tarde, a los grandes retos globales que representan el deterioro ambiental, la amenaza nuclear, las pandemias, el supremacismo de toda índole, la creciente brecha social, la gobernanza plutocrática... de tal modo que se asegure la igual dignidad de todos los seres humanos y el pleno ejercicio de sus facultades distintivas.

Como lo fue desde su origen en 1945, la UNESCO es también actor principal del nuevo “despegue” del Sistema de las Naciones Unidas. La “voz de los pueblos” - ahora ya audible y que no puede ser desoída- pedirá cambios radicales para evitar que se alcancen puntos de no retorno. Es apremiante un multilateralismo democrático y ha sido un inmenso error sustituir a las Naciones Unidas por grupos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) y a los valores éticos por los mercantiles. Todos los días mueren de hambre miles de personas (la mayoría niñas y niños de uno a cinco  años de edad) al tiempo que se invierten en armas y gastos militares 4000 millones de dólares. La tragedia humana que representan los flujos de emigración forzados por la pobreza extrema es el resultado de la drástica disminución de los fondos destinados al desarrollo. La reducción de la solidaridad internacional es otro de los grandes desafíos que deben abordarse sin dilación.

El texto de la Carta de las Naciones Unidas pone de manifiesto la altura intelectual y humana de quienes la redactaron. Su primera frase constituye un compromiso intergeneracional que cobra ahora todo su relieve: “Nosotros, los pueblos... hemos resuelto evitar a las futuras generaciones el horror de la guerra...”. Entonces, y desde el origen de los tiempos, el poder absoluto había estado siempre en manos de unos cuantos hombres. Y los demás, hombres y mujeres, sometidos, atemorizados, silenciosos, obedientes. Hasta hace pocas décadas, la inmensa mayoría de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados. Se hallaban confinados intelectual y territorialmente. Y la mujer –“la piedra angular de la nueva era”, como me dijo el Presidente Nelson Mandela en Pretoria en 1996- no tenía la menor incidencia en la toma de decisiones... Ahora, por fin, la voz. Por fin, la palabra. En 1995, al cumplirse el 50 aniversario, la UNESCO participó muy activamente en la Conferencia Mundial de Beijing sobre la Mujer, promovió y contribuyó a que tuviera lugar en Copenhague la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social; y la Conferencia General aprobó unánimemente la “Declaración sobre la Tolerancia” , cuyo artículo 1o establece con gran clarividencia las bases intemporales que permiten a todos los seres humanos, todos diversos hasta la unicidad, todos unidos por los “principios democráticos” enunciados en la Constitución de la UNESCO, vivir en paz, personal y colectivamente. Todos los seres humanos iguales en dignidad: he ahí la clave... ¡he ahí el reto!

Ahora ya podemos expresarnos libremente gracias a la moderna tecnología digital, dejando de ser testigos inoperantes para pasar a ser ciudadanos plenos que participan y defienden sus puntos de vista con firmeza y eficacia dejando de estar distraídos, mal informados, manejados por la omnipotente y omnipresente influencia del “gran dominio” (militar, financiero, energético y mediático).

La Unesco no se mueve con dinero sino con ideas, con su sello de prestigio. Debemos proclamar con claridad que la riqueza de esta Organización son sus ideales universalmente aceptados y representados a través de las Escuelas Asociadas, los Centros y Clubs Unesco, sus Comisiones Naciones, las Reservas de la Bioesfera, el patrimonio Cultural y Natural, el patrimonio inmaterial, las cátedras Unesco.....y todavía más los maestros y profesores de todo el mundo, la comunidad científica, artística, literaria, en suma, intelectual. Los estudiantes que ahora ya no tienen o no tendrán límites de edad porque el tren de la educación pasa siempre de nuevo, son los grandes destinatarios y protagonistas de la acción de la Unesco. 

El mundo vive una gran crisis global cuyas raíces son éticas. La “solidaridad intelectual y moral”, que la Constitución de la Unesco preconiza se ha sustituido por la codicia e irresponsabilidad de los más prósperos de la aldea global. 

Ahora las personas ya pueden participar, base de la democracia. Ya saben lo que acontece a escala planetaria... y devienen ciudadanos del mundo. Y la mujer, con sus cualidades inherentes, por fin en el estrado. Por fin en el escenario político. Por fin progresivamente igual...

Está llegando el momento en que, juntos, podremos construir los baluartes de la paz -como nos encomienda la Constitución de la UNESCO- basada en la justicia, en la igual dignidad de todos los seres humanos, en la libertad de expresión, “en la capacidad de cada uno para dirigir su propia vida”, como definió la educación, tan exactamente, tan bellamente, D. Francisco Giner de los Ríos. Educación para participar, para lograr formar a personas “libres y responsables”, según establece el artículo primero de su Constitución.

El preámbulo de la Constitución de la UNESCO establece que la humanidad debe ser guiada por los “principios democráticos de la justicia, la libertad, la igualdad y la
solidaridad”. Se añade “solidaridad intelectual y moral” porque no es sólo un enfoque intelectual basado en el conocimiento sino también en referencias éticas absolutamente indispensables. Los gobernantes deben, de ahora en adelante, tener bien fija en su conciencia y en su mirada, la igual dignidad de todos los seres humanos. Y la ciudadanía no debe tolerar ni un día más, ahora que ya puede expresarse libremente, la debacle ética de un sistema injusto y anacrónico que sigue produciendo hondos desgarros sociales. En ambos casos, el conocimiento (y no la información sin verificar) y la educación (y no la capacitación) son requisitos
fundamentales. Es imprescindible conocer muy bien la realidad de la situación presente porque nada puede transformarse en profundidad si no se conoce en
profundidad.

El mundo ha dado un “vuelco” en los últimos años en múltiples aspectos: la demografía; la brecha social; las pandemias; los nuevos “actores” en el ámbito internacional: grandes corporaciones multinacionales privadas y magnates de la comunicación a escala continental y mundial; conflictos internos en los que las Naciones Unidas deberían intervenir -sólo las Naciones Unidas- en caso de genocidio, violación masiva de los derechos humanos o de ausencia de gobierno...

Es indispensable aplicar a tiempo las lecciones del pasado. Recordar después de la tormenta lo que pudimos hacer y no hicimos. La comunidad científica tiene a este
respecto una función insustituible para que se adopten oportunamente las medidas adecuadas frente a las amenazas globales de índole ecológica, sanitaria, nutricional... Constituye hoy una responsabilidad ineludible y apremiante atajar el progresivo deterioro de las condiciones ecológicas, de la calidad de vida sobre la Tierra.

Nos hallamos frente a una situación que no admite aplazamientos ni recodos. La UNESCO ha jugado un papel muy importante y, de alguna manera, visionario. En 1947 creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y luego puso en marcha los Planes Geológico, Hidrológico, Oceanográfico... el gran programa “El Hombre y la Biosfera”... En 1972, Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma, advirtió de los “límites del crecimiento”; y en 1979, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos indicó que no sólo se estaban incrementando peligrosamente las emisiones de anhídrido carbónico y otros gases con “efecto invernadero” sino que, lo que es todavía peor, la capacidad de recaptura de los océanos disminuía sensiblemente... Lo más grave de cuanto acontece actualmente es que se trivializa la irreversibilidad de procesos que pueden afectar sin remedio las condiciones necesarias para una vida normal.

Deber de memoria. Y de mirar hacia adelante. Mirar a los ojos de las niñas y niños y disponernos a actuar con firmeza y a no rendirnos nunca. Cito con frecuencia a
Eduardo Galeano en su narración de una excursión escolar: al descender del autobús, una niña, que ve por primera vez el mar, tira de la falda de su maestra y le dice: “¡Ayúdeme a mirar!”. Ayudarnos mutuamente a mirar a la infancia y adolescencia para que inspiren, como referentes permanentes, nuestro comportamiento cotidiano.

Hacemos frente actualmente a una pandemia vírica -COVID-19- y es imperativo no olvidar las múltiples lecciones de esta crisis global. Cuando todavía el mundo se halla parcialemente “confinado”... ya se advierten preparativos para procurar que, cuando tantas cosas deberían cambiar, nada cambie. La salud es lo más importante, y debe tratarse siempre, en sus aspectos curativos y preventivos, con absoluta profesionalidad, dejando a un lado cualquier otra consideración. Porque la salud es un derecho de todos. En medicina se han realizado grandes avances pero se ha compartido poco. El gran reto es compartir y extender. Progresivamente, las epidemias, que siempre han existido y existirán, pasarán a ser graves pandemias porque el “trasiego humano” no cesará de aumentar. Hasta hace  unas décadas la difusión era muy escasa porque la gran mayoría de la humanidad se hallaba confinada en espacios reducidos y la posibilidad de transmisión al exterior de los mismos era infrecuente...

Nos encontramos en un momento de inflexión. Es necesario que todos nos manifestemos para constituir las auténticas democracias que son precisas a escala local y global. Las crecientes desigualdades sociales, el deterioro del medio ambiente, la debacle cultural, conceptual y moral... claman por una modificación radical de las tendencias actuales. Hay momentos en que es preciso hacer realidad, con imaginación e intrepidez, lo que se juzga indebido por los anclados en la inercia, en insistir en aplicar viejos remedios para nuevas patologías. Todo buen gobernante debe tener en cuenta, en primer lugar, los procesos que pueden conducir a daños irreparables.

La Unesco debe incrementar rápidamente su presencia en el ciberespacio para llenar de contenido tanto vacío de valores y principios universales, y poder volar alto en el espacio infinito del espíritu.

El momento actual reclama nuestra solidaridad intergeneracional. Es imperativo alcanzar acuerdos para que se eviten, lo que constituiría un error histórico inconcebible, puntos de no retorno. El Presidente Obama urgió acciones sin demora diciendo que “Nuestra generación es la primera que hace frente al desafío del cambio climático y la última que puede resolverlo”. Y el Papa Francisco, en su Encíclica “Laudatio Si”, sobre la situación ecológica, declara que “hay que actuar hoy porque mañana podría ser tarde”.

En el antropoceno, garantizar la habitabilidad de la Tierra y una vida digna a todos los seres humanos, constituye una responsabilidad esencial porque el fundamento de todos los derechos humanos es la igual dignidad, sea cual sea el género, el color de piel, la creencia, la ideología, la edad...

Vivimos un momento de crisis global que ha puesto en evidencia, como nunca, los errores de los sistemas políticos, económicos y sociales. Los Estados han sido incapaces de controlar a los mercados y los políticos no han sabido ejercer, en general, el papel de mediadores y garantes del bien común, poniendo en entredicho su verdadera función; la desbordada ambición y egoísmo de algunos “grandes mercaderes” les ha impedido contribuir al bienestar ciudadano; y la sociedad no ha sabido reaccionar frente a las argucias y falacias, con una mayoría de ciudadanos que permanecen distraídos, dejándose manipular fácilmente, sin expresar una clara
desafección al sistema consumista neoliberal. 

¿Qué podemos hacer los “pueblos”, los miles de millones de ciudadanos relegados a papeles de comparsa? Podemos hablar. Podemos utilizar nuestra voz para hacernos, primero, oír y, acto seguido, escuchar.  

Sabemos y debemos atrevernos. Si no -esta es una frase de Albert Camus que ha tenido un gran impacto en mi vida- nos expondríamos a que las generaciones venideras nos despreciaran, porque “pudiendo tanto nos atrevimos a tan poco”. 

Es tiempo de acción, de resistencia activa. Como el gran Mario Benedetti recomendaba a su hijo: “Hijo, / no te rindas, / por favor, / no cedas. /... Porque cada día / es un comienzo nuevo”. 

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